Proyecto Nápoles
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A finales de los años setenta, el creciente narcotraficante colombiano Pablo Escobar logra uno de sus mayores anhelos al adquirir unos terrenos sobre la región del Magdalena Medio, entre grandes dominios ganaderos y espesas selvas de la vertiente de la cordillera central, al paso inmenso del río Magdalena, cerca de la autopista que de Medellín conduce a Bogotá. Allí mismo, ubicaría y construiría el centro de su reinado: la Hacienda Nápoles.

Tan pronto la figura de Escobar alcanzó el máximo poder representado en notoriedad y prestigio, debido esto al inmediato auge del narcotráfico, la Hacienda Nápoles rápidamente se consolida y se da a conocer como un paradisíaco territorio: extravagante y opulento. Un dominio surreal donde cohabitaron la paz, el descanso, la celebración, la juerga, la reunión, la planeación, la negociación, el tráfico, el exceso, y por supuesto, la guerra y la muerte. Durante aquella década de apogeo Escobar dotó a su reino de cuanta necesidad, lujo y comodidad: incluyendo varias casas entre ellas una principal con piscina, jacuzzi, salón de juegos y un gran comedor; discoteca; una pista de aterrizaje con hangar para albergar avionetas; helipuertos ubicados en puntos estratégicos; una zona de parqueo donde albergaba su colección de autos clásicos y lujosos, motocicletas y vehículos anfibios; estación de gasolina; centro médico; plaza de toros; cancha de fútbol; lagos artificiales; un parque temático de esculturas; caballerizas y un zoológico de especies exóticas que incluía caballos pura sangre, ponys, rinocerontes, camellos, jirafas, hipopótamos, elefantes, ñus, gacelas, ciervos, cebras, alces, venados, tortugas, flamingos, avestruces, y aves provenientes de todas partes del mundo. Todo lo cual constituyo una época dorada de ostentación y abundancia en la que Nápoles fue centro de toda una sociedad interesada, un fenómeno único de riqueza que fue a su vez admirado y codiciado.

Luego de la muerte de Escobar y el consiguiente derrumbe de su imperio, la Hacienda Nápoles cayó inmersa en un constante deterioro ocasionado por la fuerza abrasiva de la selva húmeda, la horadación constante por parte de algunos individuos, y en definitiva, el olvido de un país que se niega a tener memoria de sus eventos recientes.

De esta manera el proyecto Nápoles trata de hacer un recorrido a través de las ruinas del vasto reino que edificó Pablo Escobar, una nostalgia de un lugar alguna vez abundante en esplendor y materialismos, saturado de mitos e historias, inundado en extravagancias. Un proyecto que reflexiona a través de fotografías y pinturas sobre un paraíso perdido en medio de un ambiente violento.

 

Nelson Guzmán, 2007